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Hiram Sánchez Grijalva

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Espacio de Hiram

La Victoire Est Pour Le Plus Persévérant
February 24

Cartago: historia de una ciudad legendaria

300 años antes del nacimiento de Cristo, El Antiguo Imperio de Cartago; dominó en mediterraneo... hasta que fué desafiado y brutalmente derrotado en la guerra... por Roma. Cartago es una ciudad de Túnez situada a escasos kilómetros de la capital. Su situación era privilegiada ya que se encontraba de paso para las rutas comerciales fenicias, y por su geografía, prácticamente rodeada de mar, era fácilmente defendible. Es una de esas ciudades que han dejado una gran huella en la historia, a la altura de Roma o Alejandría. El legendario origen de Cartago Cuenta la leyenda que Cartago fue fundada por Dido, que era hermana del rey Pigmalión de la ciudad fenicia de Tiro, en el año 814 antes de Cristo. Huyendo de éste, que había matado a su esposo, desembarcó en las costas del actual Túnez. Allí pidió a los habitantes de la zona que le permitieran asentarse en el terreno que ocupara una piel de buey, y estos aceptaron confiados. Dido mandó construir finas tiras con la piel del buey y pudo así abarcar una gran superficie en la que fundó la ciudad de Cartago, pasando a ser la primera reina cartaginesa. Según la Eneida de Virgilio, Dido se enamoró de Eneas, un héroe troyano hijo de la diosa Afrodita, que tras la guerra de Troya fue a parar a Cartago. Pero Júpiter encargó a Eneas la fundación de una nueva ciudad en Italia y este tuvo que partir. Dido, desesperada, se suicidó clavándose la espada de su amado. Según la leyenda Eneas se estableció en la península Itálica y allí sus descendientes Rómulo y Remo fundarían la ciudad de Roma. La Eneida cuenta como Eneas bajó a los infiernos a buscar el perdón de la reina cartaginesa, pero esta no se lo concedió, lo que según el mito constituye el germen del odio existente entre Roma y Cartago, y daría lugar a las Guerras Púnicas varios siglos después. Dejando de lado la mitología, la historia dice que en realidad la ciudad fue fundada por fenicios de Tiro (en el actual Líbano) porque era un lugar estratégico para sus viajes comerciales hacia el oeste. Cartago siempre mantuvo relaciones con su ciudad madre, incluso cuando se convirtió en mucho más poderosa que ella. La ciudad que se convirtió en imperio Con el paso de los siglos Cartago se había convertido en un imperio que dominaba todo el Mediterráneo occidental, siendo la principal potencia de la zona. Mucho más centrados en el comercio que en la guerra nunca tuvieron ejército propio, si no que este estaba formado por mercenarios contratados y gentes de las tierras que iban conquistando. Tras varias guerras contra los griegos, los cartagineses llegaron a controlar todo el norte de África, Córcega, Cerdeña, las Baleares, parte de Sicilia y el Sudeste de la península Ibérica, donde fundaron la ciudad de Qart Hadash, que posteriormente los romanos llamarían Cartago Nova (la actual Cartagena, en Murcia). Cartago se había convertido en una de las ciudades más grandiosas de la antigüedad. El único punto que era alcanzable por tierra estaba protegido por una muralla triple, y en el mar había dos puertos de dimensiones colosales, uno militar y otro comercial. Desde allí partió Hannón el Navegante, que fue un explorador cartaginés que hacia mediados del 500 a. de C. navegó más allá del estrecho de Gibraltar bordeando África hasta al menos el golfo de Guinea, lo que era toda una proeza para la época. En el siglo III a. de C. Roma era una potencia emergente, de gran capacidad militar. Pirro de Epiro, en un intento por extender la hegemonía de Grecia hacia el oeste se lanzó en sendas campañas contra Roma y Cartago, que eran aliados, y aunque arrebató casi toda Sicilia a los cartagineses, fue derrotado por los romanos. La victoria hizo fuerte a Roma, que consiguió unificar toda Italia, y su posterior expansión hacia Sicilia les llevó a la fricción y a un inevitable conflicto con el Imperio Púnico (que es como los romanos llamaban a los cartagineses). La Primera Guerra Púnica (264-241 a. de C.) En la primera Guerra Púnica a pesar de la superioridad naval de los cartagineses, la superioridad militar terrestre de Roma se hizo patente, conquistando Sicilia. Cartago quedó muy debilitada, tuvo que pagar una fuerte indemnización y entregar los prisioneros de guerra, fue el principio de su declive. Los mercenarios contratados para la guerra se rebelaron tras la primera gran derrota, entregando Córcega a los romanos. Poco después Cerdeña también fue conquistada sin apenas resistencia. Al menos para el consuelo púnico los territorios de Iberia y África permanecerían intactos. La Segunda Guerra Púnica (219-201 a. de C.) Para expandir el Imperio por las ricas tierras de la península Ibérica y reponerse del varapalo, en el año 219 a. de C., Aníbal Barca, el más famoso de los cartagineses y jefe del ejército en Iberia, atacó la ciudad de Sagunto (actualmente en la provincia de Valencia), que era aliada de la República Romana. Fue el inicio de una nueva guerra, y como Aníbal era conocedor de su inferioridad se encaminó con una inmensa tropa a la conquista de la mismísima ciudad de Roma. Unos 90.000 hombres, 12.000 caballos y 50 elefantes constituían uno de los mayores ejércitos reunidos en la antigüedad, formado por íberos, celtas, libios, númidas… Pero el camino era largo, tuvieron que atravesar los Pirineos y los Alpes, vadear grandes ríos como el Ebro o el Ródano, y hubo muchas bajas y deserciones. A pesar de que las fuerzas cartaginesas estaban muy mermadas (solo un elefante y una tercera parte de los hombres llegaron a territorio romano) empezaron a ganar batallas y a acerarse a la gran capital. La República Romana no conseguía vencer a las tropas cartaginesas en su propio territorio, por lo que liderados por Publio Cornelio Escipión se centraron en expulsarles de Hispania y conquistar Cartago Nova. Aníbal mientras tanto se quedaba a las puertas de Roma, pero no se decidió a intentar el asalto final debido a la falta de efectivos. Las tropas cartaginesas permanecieron dieciséis años en la península Itálica y llegaron incluso a conquistar Capua, la segunda ciudad en importancia de la República. Finalmente, los romanos comandados de nuevo por Escipión, lanzaron una ofensiva contra la capital de Cartago, de modo que Aníbal y sus hombres tuvieron que replegarse y volver precipitadamente para la defensa. Allí una vez más la superioridad de las legiones romanas se hizo notar y ganaron la batalla de forma aplastante. Cartago pidió la paz, y Escipión (que pasaría a ser conocido como “el Africano”) la aceptó, aunque a cambio de una gran indemnización, de la pérdida de todas las colonias y de la prohibición de tener ejército. El destino de Aníbal Aníbal participó en la reconstrucción de Cartago y pasó a ser su hombre más influyente. Pero se había ganado demasiados enemigos, tanto dentro como fuera de la ciudad, y siete años después tuvo que huir. Perseguido por los romanos huyó a Siria, donde colaboró con el rey Antíoco III en su guerra contra estos, hasta que fue derrotado y reclamado por las tropas de Roma. Tuvo que volver a huir, esta vez a Bitinia (en el norte de la actual Turquía, en la costa del mar Negro), donde fue acogido por el rey Prusias I. Sin embargo, en el año 183 a. de C. fue encontrado y acorralado por sus perseguidores. Acabó por suicidarse antes de ser atrapado. Cuenta la leyenda que antes de morir volvió a encontrarse con su gran enemigo Escipión el Africano, que sentía una gran admiración por el cartaginés, y que mantuvieron una conversación. El general romano le preguntó quienes eran para él los tres mejores generales de la historia, y Aníbal le respondió: “Alejandro Magno, Pirro de Epiro y yo”. Quiso el destino que un Escipión venido a menos y que la historia no ha tratado con justicia muriera en el mismo año. La tercera Guerra Púnica (149-146 a. de C.) En Cartago los años iban pasando y poco a poco consiguieron pagar todas las deudas adquiridas con los romanos. Pero al carecer de ejército eran un blanco demasiado fácil para la vecina Numidia (un pueblo de origen bereber), que les sometía a continuos saqueos. Soportaron cincuenta años esta situación hasta que incumplieron el acuerdo y crearon un ejército para defenderse. En Roma esto se vio con muy malos ojos y empezaron a pedir pagos muy exigentes a Cartago con el fin de que no pudiera cumplir y declararles la guerra. “Delenda Est Carthago” (Cartago debe ser destruida) eran las palabras con las que el político romano Catón el Viejo terminaba todos sus discursos en el 150 a. de C. Finalmente un año después se iniciaría el conflicto, dando comienzo a la tercera y definitiva Guerra Púnica. La guerra consistió en un asedio continuo de la ciudad, y por primera vez los cartagineses tuvieron que tomar parte activa en la batalla, lo que hasta ahora era labor de mercenarios. Se cuenta incluso que se utilizó el cabello de las mujeres cartaginesas para construir catapultas. El asedio duró tres años, pero al final la ciudad fue totalmente destruida y prácticamente reducida a polvo. Los supervivientes fueron asesinados o vendidos como esclavos, poniendo fin para siempre al Imperio Cartaginés. Cartago bajo el poder de Roma Tras la destrucción de la ciudad fue prohibido habitar el lugar durante veinticinco años. Pasado ese tiempo hubo pequeños asentamientos, hasta que en el 46 a. de C. Julio César visitara el lugar y decidiera que allí debía construirse una ciudad por su excelente situación estratégica. Unos años más tarde, en el 29 a. de C., se fundó en el lugar la Colonia Julia Cartago. La ciudad fue floreciendo y se convirtió en la capital de la provincia romana de África, que ocupaba el actual Túnez y la zona costera de Libia, y que en el futuro daría nombre a todo el continente. Esta provincia se convirtió en uno de los más importantes graneros de Roma, debido a la gran cantidad de trigo y otros alimentos con los que surtió al Imperio. Llegó a tener una población de más de 400.000 habitantes, convirtiéndose en la segunda ciudad en importancia del Imperio. Poseía circo, teatro, anfiteatro, acueducto y sobretodo caben destacar las Termas de Antonino, que eran las más importantes después de las de Roma, situadas en un lugar privilegiado junto al mar y de las cuales aún se conservan restos. Poseía además un complejo sistema que suministraba agua a la ciudad, capaz incluso de llegar a los edificios más altos. En el año 197, ya después de Cristo, Septimio Severo, un romano nacido en las proximidades de Cartago, de cultura púnica y dominador de aquella lengua que siglos atrás predominara en el Mediterráneo, llegó a ser emperador de la mismísima Roma. En el siglo III el cristianismo comenzaba a cobrar importancia y Cartago contaba con su propio obispado. Un siglo después el declive de Roma era cada vez más evidente, y tras guerras internas y una primera división del Imperio en dos y su posterior reunificación, en el año 395 se produjo la fractura definitiva en los Imperios Romanos de Oriente y Occidente. Las invasiones bárbaras pronosticaban el final de la hegemonía de Roma en occidente, y Cartago sirvió de refugio para los que huían de estas. La ciudad fue fortificada en el año 425 pero finalmente sucumbió en el 439 a los ataques de los vándalos, un pueblo de origen germano. Cartago en el Reino Vándalo Los vándalos habían conquistado anteriormente el sudeste de Hispania y el norte de lo que hoy serían Marruecos y Argelia antes de llegar a Cartago. Allí el rey vándalo Genserico ocupó la ciudad y la estableció como su capital. Una vez con el control de la ciudad y de su gran puerto conquistaron las Baleares, Córcega, Cerdeña y Sicilia, para dominar el mercado del Mediterráneo occidental. Curiosamente controlaron prácticamente los mismos territorios que antaño ocupara el Imperio Púnico. A los pocos años el reinado vándalo en el norte de África entró en decadencia. Las luchas internas por el poder y la mala relación con la iglesia católica, muy asentada en la zona, junto con la cada vez mayor presencia de tribus bereberes, pusieron muy fácil la invasión a un pequeño ejército del Imperio Romano de Oriente (conocido en la actualidad como Imperio Bizantino debido a que su capital era la antigua ciudad de Bizancio) liderado por el general Belisario en el año 534. Cartago en el Imperio Bizantino Tras la reconquista por parte de los romanos y la expulsión de los vándalos, la ciudad fue renombrada como Colonia Justiniana Cartago, en honor al emperador Justiniano I de Bizancio. En esos años el Imperio Bizantino gracias a Belisario había conquistado muchas de las tierras del antiguo Imperio Romano y Cartago volvió a ser capital de una provincia, llamada esta vez Exarcado de África. Los Bizantinos entraron en guerra con Persia, cuyo ejército llegó a estar tan cerca de los muros de Constantinopla (nombre con que habían rebautizado a Bizancio en honor del emperador Constantino) que el entonces emperador, Heraclio, consideró la posibilidad de trasladar a Cartago la capital imperial en el 618. En el año 647 Gregorio, el exarca de Cartago, se declaró independiente de Constantinopla. El acoso del Islam En el año 620 Mahoma empezó a predicar en La Meca, dando origen a una nueva religión conocida como Islam. Esta nueva creencia enseguida se propagó entre los árabes y empezó a expandirse con rapidez. A la muerte del predicador en el 632 ya se había extendido por toda la península arábiga. En el año 641 ya habían caído Alejandría, Damasco, Jerusalén… la marcha era imparable. Pero el exarca Gregorio, liderando un ejército formado principalmente por los bereberes autóctonos, logró plantar cara a los musulmanes en el año 647, que no tenían un excesivo interés en la zona todavía. Cartago, que curiosamente dejó de ser capital durante el mandato de Gregorio, había recibido multitud de refugiados de Palestina, Egipto y Siria que habían huido de los musulmanes. A la muerte de Gregorio en ese año 647, Cartago volvió a ser capital del Exarcado y este a su vez volvió a depender de Constantinopla. Durante cincuenta años el avance del Islam fue lento, en el 670 fundaron la ciudad de Kairouan, ya en territorio del actual Túnez, que durante un fugaz periodo de tiempo fue conquistada por los Bizantinos. Los líderes musulmanes tomaron la decisión de islamizar a los pueblos bereberes, lo que constituyó un hecho definitivo para la toma de Cartago en el 698. Curiosamente en la defensa de la ciudad participó un gran contingente de visigodos, enviados por su rey para proteger el exarcado debido al miedo de que los musulmanes llegasen a su propio territorio en la península Ibérica, como así fue pocos años después. El fin de la gran ciudad En un último esfuerzo el Imperio Bizantino logró reconquistar la ciudad. Pero la victoria fue breve, en el 705 un ataque musulmán devastó la ciudad reduciéndola a cenizas, como siglos atrás hicieran los romanos. Los textos de la época dicen que aún en el siglo VI los campesinos de Túnez utilizaban la lengua púnica de forma cotidiana, pero la llegada del Islam y la segunda destrucción de la ciudad supuso el fin absoluto de la herencia cartaginesa. Cartago sin Cartago Con la destrucción de Cartago la vecina ciudad de Túnez, que había sido fundada antes incluso que la propia Cartago, tras siglos a la sombra de esta empezó a florecer y a desarrollarse de forma considerable. Con el pasar de los siglos los restos de la antigua ciudad púnica se fueron enterrando y perdiendo en el olvido, testigos mudos de los futuros acontecimientos que ocurrirían sobre ellas. El dominio musulmán de Túnez duró muchos siglos y por ella desfilaron múltiples dinastías: aglabíes, fatmíes, ziríes, jorasaníes… Pero fue con los almohades y los hafsís cuando llegó a su máximo esplendor. En el año 1270 el rey de Francia Luis IX inició la Octava Cruzada con el propósito de convertir al sultán de Túnez al cristianismo, pero fue un fracaso y el mismo rey murió frente a las costas de Cartago. Su hijo Felipe III firmó un tratado de paz que permitiría a los cristianos total libertad en la ciudad. En el siglo XVI España era la gran potencia del mundo y su influencia se hacía notar en la zona. Tal es así que cuando en el año 1534 Túnez fue atacada y conquistada por piratas, su sultán fue a refugiarse precisamente a la corte de Carlos V, el cual le ofreció ayuda y un año después reconquistó la ciudad, que pasaría a estar bajo control español. Pero este control fue muy breve, ya que en el año 1574 el Imperio Otomano conquistó Túnez. Y así permaneció hasta el año 1881 en que Francia declaró ese territorio como protectorado propio. Poco tiempo después los franceses construirían la Catedral de St. Luis en una colina de Cartago, dedicada al rey francés que allí perdiera la vida en el siglo XIII. A finales del XIX Cartago empezó a adquirir una gran importancia arqueológica por el hallazgo de restos vándalos, bizantinos y sobretodo romanos, pero también aparecieron objetos púnicos. Allí encontraron algunos de los más bellos y mejor conservados mosaicos de la antigüedad, que datan de la época romana y se encuentran en el afamado museo de El Bardo de la capital tunecina. En el siglo XX Túnez participó en la Segunda Guerra Mundial del lado alemán, al ser conquistada sin resistencia a pesar de seguir bajo control francés. Once años después del final de la guerra, en 1956, obtendrían su independencia. En la actualidad el crecimiento de la ciudad de Túnez ha llegado hasta Cartago, que constituye prácticamente un barrio residencial en el que se han asentado algunas embajadas extranjeras. Incluso la residencia del presidente de la República Tunecina se encuentra allí, justo al lado de las ruinas de las Termas de Antonino. Cabe destacar que el aeropuerto internacional está situado a medio camino entre ambas poblaciones y recibe el nombre de “Aeropuerto de Túnez-Cartago”. Además, la legendaria ciudad da nombre a varias poblaciones en el continente americano, llamadas así por los conquistadores españoles en honor a la Cartago Nova española. La antigua ciudad, tantas veces destruida y asediada, es a día de hoy uno de los principales destinos turísticos del norte de África, lo que es un gran impulso para que continúen las excavaciones y se sigan encontrando restos de aquel imperio cartaginés que a pesar de los intentos nunca caerá en el olvido.
 
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